Últimamente he conocido a varios emprendedores famosos, he asistido a mesas redondas y jornadas sobre emprender, incluso he escrito un pequeño articulo sobre ello y he participado en alguna de las mesas. La semana pasada asistí a una sesión en el Círculo de Economía, en un formato informal muy bien dirigido por Humberto Salerno, con Luís Martín de Cabiedes y Josep Arroyo.
La razón de toda esta actividad es que he creado una empresa, Puentis, y es normal acercarte a aquellos que lo han hecho antes, sobre todo a aquellos que han tenido éxito.
Es un mundo distinto, como si fueran los hermanos informales de los empresarios, sobre todo en actitudes. Mencionaré algunas de las que más me han chocado, ya veis este post es distendido.
- Lo normal es ser franco y directo.
- Se cuentan las experiencias con todo lujo de detalles y, sobre todo, como experiencias personales.
- No se llevan corbatas, de hecho parece como si fueran tabú.
- El fracaso no está denostado, por razones obvias no se fomenta (no tienen un pelo de tontos), pero se acepta como un rito de iniciación.
- Se habla mucho entre todos, se comparten ideas y proyectos.
- Les gusta mucho opinar, dar consejo, asesorar, y siempre por el placer de hacerlo.
- Tienen una visión a largo plazo, agregada, como si lo importante no fuera tener éxito con una empresa si no el mismo proceso de crearla y hacerla crecer.
- Contemplan la empresa como su baby, pero un baby del que se pueden desprender en cualquier momento (el símil del baby no es muy afortunado). Siempre a un precio.
- Dan números de las previsiones, de los meses, de todo, mucho número.
- No parecen extremadamente interesados en convertirse en empresarios, les gusta más el formato emprendedor.
Como se puede comprobar, cualquier parecido con la idea que tenemos de empresarios es pura coincidencia.
Creía que yo era franca, directa, clara, pero estoy viendo que, como en tantas otras cosas, tengo un largo camino que recorrer si quiero ser una emprendedora de pro. Estoy entrenando, a ver si empiezo bien:
El BCE ha bajado poco el tipo de interés, debería haberlo recortado un 0,5% para poder tener un efecto positivo en la economía real (claro, directo, con un número, pero demasiado formal, ¡cuesta ser emprendedora!).